miércoles, 28 de abril de 2010

La tremebunda contundencia rítmica de GEORGE THOROGOOD & The Destroyers: "Live" (1986)

Si empiezas un álbum en directo con el "Who Do You Love" de Bo Diddley, es que, o bien lo tienes muy clarito, o bien estás cometiendo un suicidio musical en primer grado. Porque este tema es de segundo Bis festivo y cervecero. Pues la respuesta acertada era la "a)", George y sus destructores lo tenían muy muy clarito, porque el nivel del disco no decrece en ningún momento.

Ésta fue (y sigue siendo hoy en día, ya muy alejados de la fama de los '80) una banda situada a medio camino entre el blues-rock, el rock'n'roll cañero, y las llamadas bar-bands, como unos Dr. Feelgood más blueseros. Siempre tirando más de versiones que de temas propios, lo que les distinguía era esa sección rítmica que citaba en el título de la columna: el bajista Michael Lenn y sobre todo el batería Jeff Simon eran 2 metrónomos andantes que hacían parecer Keith Moon a todo un Phil Rudd de AC/DC.

Con los pies bien plantados en el sonido de Chicago de los '50, es decir, en Chess Records (versionean a Muddy Waters tras Bo Diddley, metiendole por cierto un brutal cambio de ritmo en mitad del tema, y cierran con Chuck Berry, mayor no puede ser la declaración de intenciones); con también raices añejas en la slide de Elmore James, y en el maestro Hooker, de quien sin duda sacan esa obsesividad rítmica (de él hacen un semi-recitado, semi-cantado "cover" de "One bourbon, one scotch, one beer", que cierra la cara A), sin embargo nunca consiguieron el más mínimo respeto de los puristas del Blues, lo cual es lógico, porque los puristas de cualquier música no se enteran nunca de nada. La música o es mestiza o no es música, todo viene de otra cosa y todo artista tiene influencias dispares, y a mí siempre me ha llamado la atención que en mis numerosas charlas con músicos no me he encontrado a ningún purista, y sin embargo entre los críticos y entendidillos abundan como la peste.

Si en cuanto a cualidades musicales eran limitados pero para pasarlo bien en un concierto o meneando en tu casa la cabeza eran ideales, lo que además les ocurría (y de ahí su -relativo, nunca fueron Bon Jovi, jajaja- éxito), es que esta era una banda que "caía bien". Por emplear una palabra ya absolutamente en desuso, eran -y son- "auténticos". Conscientes de sus limitaciones, añaden un saxofonista para dar color a los temas, y su furia escénica y su sonido machacón y pesado les hizo ganar adeptos y respeto incluso entre la amplísima comunidad "heavy" de los '80.

Volviendo al disco en directo que me ha servido como excusa para recordar viejos y muy divertidos tiempos (más divertidos hubieran sido de haberlos visto en directo), el cierre del disco también es de antología, y por supuesto de versiones. Nos crean un anti-climax con el único blues lentorro que interpretan, un precioso y largo "The Sky is Cryin' " de Elmore James, y como final, 5 aceleradísimos minutos de "Reelin & Rockin' " del citado Berry.

Si te habías olvidado de ellos, recupera sus discos y a pasar unos buenos ratos sin más pretensiones. Y si los '80 te pillaron demasiado joven y estás leyendo esto, hazte con alguno de sus discos, diversión y marcha garantizadas !!

lunes, 19 de abril de 2010

Boogie Chillun: El poder Hipnótico de la musica de JOHN LEE HOOKER :

Que el Blues es una forma de arte primitiva y sencilla, por tanto abierta a miles de variantes, y basada en la música tradicional de los esclavos negros en el Sur de los Estados Unidos, es ya un lugar común. Pero pocas veces esa ancestralidad, esa simplicidad, ese grito de retorno a África, y la posibilidad de mutaciones infinitesimales sobre una estructura casi rígida, ha estado tan expuesta a la luz como en el boogie-blues del artista de las docenas de nombres (el cabrón grababa bajo pseudónimo para el sello que le daba la gana), que desde mediados del 2001 ya ha entrado para siempre en la historia de nuestra música como John Lee Hooker.

Adentrarse en sus grabaciones de los años '50, casi siempre para los sellos "Modern"
y "Vee-Jay" , es una experiencia de la que uno no sabe si escapar corriendo o quedarse a vivir allí para siempre. Se trata de una música de cualidades narcóticas, para entrar en trance, minimalista, algo casi drónico. Y sin embargo, tras varias escuchas, uno aprecia de qué forma el Señor Hooker está jugando con las elementales formas del arte que ha decidido interpretar -o que le ha escogido a él como una de sus vías más apropiadas de llegar al gran público sin renunciar en un ápice a la esencia.

Como decía, Hooker juega con el Blues como un cubo de Rubick. No siempre se atiene a la estructura de 12 compases: lo puede alargar a 13 ó 14, acortar a 11... Su estilo hablado, recitativo, hace que cualquier atisbo de melodía enriquezca sobremanera una canción a la que de repente imprime un giro inesperado. Guitarrista limitado, sabe sacar de su machacón estilo todos los matices existentes, consiguiendo de esa forma que se mantenga la atención permanentemente en el próximo acorde o nota levemente disonante, como ocurre con el estilo pianístico de un Thelonious Monk, por ejemplo.

Los aficionados a esta música, pelín obsesivos y fetichistas como cualquier aficionado a cualquier arte, somos capaces de comprarnos varias veces el mismo disco con la excusa de los temas inéditos, las tomas alternativas, las remasterizaciones, los libretos de lujo, las réplicas exactas de la primera edición, o lo que sea...Y tendemos a evitar y minusvalorar, de una forma despectiva y algo snob (y me incluyo) esas ediciones baratas, casi de cajón de Hipermercado. Sin embargo, en ocasiones comprarse una de esas ediciones baratas puede ser una fuente de placer inagotable. Así ocurre con una caja de 10 CDs editada en el año 2005 por el -para mí misterioso- sello "Membrane Records".

Ahora mismo tengo aquí en escucha, por enésima vez, el que creo cuarto o quinto CD de esa caja (no me hagais consultarlo ahora, por favor, yo también estoy en plena aventura hipnótica mientras escucho y escribo); una caja sin libreto, sin apenas información, que en apariencia recoge todo -o prácticamente todo- lo que John Lee grabó en solitario durante finales de los '40 y hasta bien entrados los '50. La caja es del 2005, se llama “Blues is the Healer”, en su momento estaba a un precio ridículo, y supongo que hoy en día ya estará descatalogada. Pero lo recogido en esas 10 rodajas plateadas es el ejemplo perfecto de porqué Hook es quien es en el panteón de las glorias sagradas del Blues. Estamos hablando de ese sonido tan característico que a los 4 segundos del primer tema si es que no lo has reconocido es que nunca le has escuchado: es decir, su guitarra, su voz, y su zapato marcando el ritmo. ¿Para qué más, si él, y casi sólo él, podía decir tanto con tampoco? Si en "Cuadernos de Jazz" le dedicaron la portada a su muerte, poco más se puede decir de su importancia en la historia de nuestra música.

Cuando, a propósito, le mete un buen puñado de sobre-amplificación, distorsión y reverberación a su guitarra electrificada, estoy escuchando las raíces de los Sonics y de todo el garaje posterior. Sus ritmos obsesivos, insistentes y de efectos lisérgicos, me llevan al Stoner y al Doom. Quizás estoy, literalmente "meando fuera del tiesto" y no haya huellas de su sonido en esos estilos. Quizás John Lee Hooker nunca se planteó crear escuela sino que simplemente se expresaba de la mejor forma que podía consciente de sus limitaciones. En cualquier caso, lo que nadie duda es que entre los 5 Bluesmen más importantes de la historia, haga quien haga la lista, siempre figurará su nombre.

Y aún no he hablado de su voz. Grave, profunda, casi gutural pero también capaz de la mayor de las dulzuras. Declamando más que entonando, su garganta tenía una profundidad, un sentimiento, un dolor, una expresividad (sí, eso que precisamente llamamos "Blues") que pocas voces de éste o cualquier estilo han alcanzado jamás. Por eso cuando le ví perdido allá por los puestos ochentaytantos de la lista de "Los mejores cantantes de todos los tiempos" de ese panfletillo vividor de rentas pasadas llamado "Rolling Stone" me indigné durante unos breves minutos, pero luego apliqué eso de "no ofende quien quiere sino quien puede". Y la credibilidad de esa revistilla, a estas alturas, es tan nula como la capacidad de transmitir algo de un Kenny G.

Como la discografía de este hombre, entre discos oficiales y recopilaciones escarbando en los baules de cualquier sello desconocido, es tan inmensa, ni yo mismo sabría por dónde empezar si tuviera que recomendarle un disco iniciático a alguien que no conociera a este bluesman . Pero lo voy a intentar con "I'm John Lee Hooker", un recopilatorio “serio”, editado originalmente por Vee-jay en 1959, con 12 temas, luego reeditado en CD-digipack de cartón imitando al LP, con 4 temas extra, y que al estar licenciado por Charly supongo no será dificil de encontrar. Yo calculo en bastante más de 200 las recopilaciones existentes, y es probable que muchas de ellas sean más que dignas. Lo que sí os recomiendo encarecidamente es que empeceis por el material de los '50 y '60, que os hagais con algo de lo grabado sin ningún acompañamiento, y luego no es que el resto sea malo ni mucho menos, pero es que las cotas que alcanzó nuestro amigo en esas 2 décadas son de antología !!!

Lord, have mercy on me, si en esta columnilla no he hecho el suficiente honor a esta insigne figura...

viernes, 16 de abril de 2010

UNA ANÉCDOTA QUE A ESTAS ALTURAS YA RECUERDO CON CARIÑO...Aunque otros todavía deben andar cagándose en los muertos de alguien...

No sé si recordareis el llamado "Concierto de los 1000 años" : una jugada celebrada por el siempre polémico alcalde de A Coruña, Paco Vázquez (actualmente embajador ante la Santa Sede), para celebrar los 1000 años de la fundación de la ciudad (corría el año '92 ó '93, creo recordar...), mediante un festival de 3 días de duración en el Estadio de Fútbol. La broma que corría era que lo de los 1000 años era por la suma de las edades de los artistas invitados, y no le andaba muy lejos, no. Los más jovenes eran Chris Isaak y Sting, y luego ya estaba todo entre señores bastante mayores y unos cuantos cuasi-octogenarios.

Lo que nos importa es que había bastantes nombres asociados de una u otra forma con nuestras músicas: Teníamos a Robert Plant (Led Zeppelin siempre tuvieron pie y medio en el Blues) a Bob Dylan (que en muchos momentos de su carrera se ha agarrado cual osito perezoso a una u otra de nuestras ramas...), y a Eric Burdon, John Mayall, Bo Diddley, Chuck Berry y Wilson Pickett (ante estos peazo de nombres mejor me callo)...y a Gary Moore, ya por entonces totalmente reconvertido al Blues-Rock (aunque eso de "reconvertido" suena fatal, porque sus guadiánicas apariciones en los Thin Lizzy de su amigo del alma Phil Lynnott, también le calzaron siempre unas botas de buen Blues de cuero oscuro, ya que Thin Lizzy y Whitesnake -los de antes de ir a la peluquería- fueron, junto a Zepp, las bandas más enraizadas en el Blues de todo el Hard setentero)

La anecdota referida en el titular salta en los corrillos la misma mañana de su concierto: Gary Moore no va a tocar!!! (Bueno, igual ya se sabía de antes, nosotros fue cuando nos enteramos). Los que puede que no la recuerden con la misma sorna que lo hago yo fue un grupito de sevillanos de los que nos hicimos colegas y que habían recorrido toda la peninsula ex-profeso para ver al Irlandés. Evidentemente no desdeñaban a un Neil Young o un John Mayall, pero ellos habían venido a lo que habían venido, y, en plata, ya les habían jodido. Lo que sí estaba confirmado era que la organización estaba buscando un sustituto "a su altura". Allí, en una terracita mañanera y pese a la resaquilla, surgieron 3 posibles nombres de también primerísima fila que a nadie desagradaban: Robert Cray, Johnny Winter, y otro Irlandés que hubiera sido mi sueño húmedo, sobre todo porque no sabíamos que unos pocos años después nos abandonaría sin llegar a cumplir la cincuentena: Mr. Rory Gallagher.

El caso es que a eso de las 6 ó 7 de la tarde entramos al estadio, y no se sabía nada...pasa el primer concierto, y por megafonía anuncian que la actuación de Gary Moore no se va a poder celebrar (pitada astronómica, digna de tercer gol de Messi en el Bernabeu, porque mucha gente no lo sabía aún) pero que en su lugar han encontrado un sustituto que no defraudará a nadie -...silencio sepulcral...- ¡¡George Benson!! Nosotros, que veníamos unos de Vigo, otros de Santiago y otros de la propia Coruña, empezamos a descojonarnos como bestias, pero a los pobres sevillanos se les quedó una carita...George Benson cuentan las leyendas que una vez tocó Jazz, y yo incluso tengo un par de temas en los que colabora en uno de los proyectos de Miles de finales de los '60. Pero desde hace docenas de años es lo más merengoso y empalogoso del mundo. Así que huyendo de semejantes efluvios azucarados y pastelosos, nos fuimos hacia el único lugar que estaba contento del cambio: El Bar!! Semejante concentración de cuasi-heavys, rockeros y blueseros no se ha visto ni en un concierto de SRV. Allí la cerveza corría como en las carataratas del Iguazú, y aunque la acústica de vez en cuando, en función del viento, nos ofendía con cierta melosidad insufrible, en general se estableció un cálido colegueo y cachondeo.

En conjunto, pese al citado y otros fallos (Eric Burdon tuvo un día horrible; y yo no soporto la meliflua música con toques de Jazz de ascensor de Sting -Bar otra vez) el Festival estuvo de notable alto, y en mi opinión, por supuesto absolutamente sesgada y subjetiva, transurridos más de 15 años y con lo muchísimo que recuerdo (es curiosa la memoria que tenemos los “enfermitos” de la música para lo que nos intesesa) JOHN MAYALL & THE BLUESBREAKERS fueron las absolutas estrellas.

Tocaban el mismo día que Bob Dylan, pero de todos es sabido que se niega a tocar de noche y a que le graben las cámaras. Así que el papelón de cerrar le tocó al polifacético Mayall. Para completar la jugada, una lluvia cerrada y espesa se cernió sobre la ciudad, haciendo incluso temer por la celebración del concierto. Pero NO, el multi-instrumentista, que durante todo el concierto tocó los teclados, tenía su arsenal en primera fila, lo cubrió bien con plásticos apropiadamente sujetos, y se marcó un recital de más de 2 horas y media, que, aunque la lluvia había ahuyentado quizás a más de la mitad del aforo (que probablemente se habían acercado sobre todo por Dylan), los que allí quedamos bailamos, saltamos o nos balanceamos, según el tempo del Blues que tocase, como posesos. Y es que tiene un romanticismo especial eso de estar asistiendo a un fantástico concierto mientras te empapas en una lluvía cálida de Verano. Quizás sin el aditamento de esa lluvia no recordara ese concierto de una forma tan especial, pero es que aquí continente y contenido estuvieron a la altura. E incluso hubo ráfagas de viento que yo decía "ahora sí, ahora se suspende el concierto". Pero el ya por entonces muy veterano John demostró que, además de ser un Bluesman acojonante y un descubridor de talentos como no ha habido otro, tiene unos cojones como melones!!!

PD: Id recordando columnillas que os debo, y es que se me acumula el trabajo; así, de entrada, Fitzgerald, Collins, y Whitesnake-Lizzy.

jueves, 15 de abril de 2010

¿DÓNDE RADICA LA FASCINACIÓN QUE El Blues EJERCE SOBRE NOSOTR@S?

¿Porqué tantos aficionados, críticos, músicos...en un momento u otro de sus vidas han quedado atrapados en sus espesas redes y no han podido -ni querido- escapar ya?

En mi caso está claro: con un abuelo ex-batería de jazz, el regalo de una cinta (¿os acordais de ellas y del walkman?) de Status Quo a los 11 años, y de recién adolescente el descubrimiento de Rory Gallagher y de los Blues del primer disco de Led Zeppelin, aunque toda su carrera -como las de AC/DC o los Rolling Stones- estuvo basada en el reciclaje de viejos "Riffs" de Blues (¿Que hubiera sido de los Stones sin Willie Dixon y el Riff de "Hoochie Coochie man"?); pues eso, que en mi caso, con tantos condicionantes, yo ya era como un perro de Pavlov, escuchaba un Blues o algo basado en ello, y a salivar como un pavloviano cánido!!!!

Pero no todo el mundo ha tenido tantos condicionantes favorables, y sin embargo se cuantan por millones las personas del mundo entero a las que el Blues les llega hasta lo más hondo. Quizás sea cierta la afirmación tantas veces repetida de que hasta que no has sentido en tu vida la segunda acepción de "Blues" (tristeza), no lo puedes comprender. Es muy posible que en las familias Rockefeller, Rotschild, Borbón, Botín, etc, no haya ningún aficionado al Blues. Yo por lo menos, cuando me siento triste y solo, acuciado por problemas económicos, y enamorado sin correspondencia, me pongo una y otra vez el "I ain't got nothing but the Blues" (del Maestro Ellington) en cualquiera de sus infinitas versiones (por el ejemplo la del dueto de guitarra y voz de Ella Fitzgerald y Joe Pass), y me siento más acompañado, porque sé que cientos de miles de personas en el mundo entero se están sintiendo como yo.

Pero también ocurre a la inversa, te levantas de un excelente humor y pinchas el relativamente reciente CD de Walter Trout en Power-Trio, por ejemplo, y no hay pharmaton complex que supere esa brutal descarga de energía!!!

Como estudiante de ciencias puras, no puedo evitar buscarle varias explicaciones de ese palo a la fascinación con que el Blues nos cautiva: En primer lugar se trata de una música con un indudable "groove", que creo que se acompasa perfectamente al ritmo natural del corazón humano. En segundo lugar, cubre esa necesidad de descubrimiento e investigación, de curiosidad innata, que todo ser humano tiene y nos diferencia de los animales: porque, aunque aparentemente limitado en forma, en esta nuestra música puedes viajar desde la más rabiosa actualidad hasta el Delta, pasando por Chicago, Texas, New York y la Costa Oeste, Detroit (un eterno recuerdo para un grande entre los grandes, John Lee Hooker) y donde quieras, siempre descubriendo estilos y artistas que te sorprenden y excitan. Y cuanto más te metes en este mundillo, más puedes aplicar aquello de "sólo sé que no sé nada", y decir "Dios mío, tengo una colección de más de 600 CDs y aún soy un pardillo" (y de todas formas abres un blog porque algo siempre tendrás que contar, y mucho que aprender para mantener el blog al día); aplicando en cierta manera la máxima de "si quieres aprender de algo, enséñalo".

Y no es sólo lo que acabo de decir, es que el Blues (como el Jazz) es una música absolutamente personal: no hay 2 artistas, no ya iguales, es que yo diría que ni muy parecidos. Así como en la música comercial de hoy en día todo suena igual, y yo (quizás por mis limitaciones y un claro prejuicio y subjetividad) soy incapaz de distinguir más allá de si canta un chico o una chica, en nuestra música puedes reconocer claras diferencias, es imposible confundir a un Elmore James con un Muddy Waters o un John Mayall. Aquí prima la personalidad que cada artista le imprime a su música, incluso dentro de un mismo estilo, como puede ser el Blues Eléctrico de Texas, por citar una rama que me encanta.

El caso es que ahí sigue, con sus doce compases, una música con pasado, presente, y un futuro al que no hace ninguna falta que los critiquillos snobs le busquen posibilidades ni hablen de "estancamientos", porque esto va de "feelings", señores, no de evoluciones artificiales. Y siempre surgiran nuevos artistas con su propia voz, y nuevas bandas que basen su sonido en esta, nuestra música. El Blues no morirá nunca, porque como tampoco sabemos cuando y como nació exactamente...pues ya se ha convertido en una música eterna.

PD: Mientras escucho el "Vantage Point" de Chris Duarte a todo volumen, vuelvo a pensar en un hecho sobre el que he reflexionado varias veces: ¿Está el Blues pasando a manos latinas, la verdadera comunidad marginal actualmente en los USA? Asi, a bote pronto, me surgen 4 nombres de primera fila; El mencionado Duarte, Eric Sardinas (al que ya le dediqué una columnilla), Anthony Gomes y Coco Montoya. Apellidos más latinos es dificil de encontrar. Y ya os digo, esto sin pensar y sólo hablando de músicos de primera fila...

SEGUIREMOS HABLANDO DE BLUES!!!, aunque me temo que la próxima entradilla se la voy a dedicar a Ella Fitzgerald.
.

lunes, 12 de abril de 2010

AÚN NOS ACORDAMOS DE LAS HERMANAS KOPLOWITZ?

Ya, ya sé que -en principio- este titular nada tiene que ver con el Blues, pero ya vereis como la columnilla sí. Es que soy un poco "retorcidillo" , y fanático del estilo de titular de los tabloides británicos. Además, ya dejé claro el primer día que mi gran objetivo era QUE OS DIVIRTIERAIS.

Sin duda vendrá a vuestra memoria que durante meses -si no años- se hablaba constantemente de "Los Albertos" (Alberto Cortina y Alberto Alcocer), ex-maridos de las hermanitas Alicia y Esther. Pero claro, yo cuando todos los días escuchaba hablar de "esos Albertos" , no podía evitar que me vinieran a la cabeza no los señores Alcocer y Cortina, sino "nuestros" Albertos: "The King of the Blues Guitar" ALBERT KING y "Mr. Frozen Alive/The Master of the Telecaster" ALBERT COLLINS, lo cual me vino muy bien para escuchar y re-escuchar a estos dos monstruos sagrados, e ir poco a poco ampliando mi -cuando empezamos a oir hablar de las Koplowitz- exigua, y paulatinamente exhaustiva, discografía de estos señores que nacieron no con un pan sino con un mástil bajo el brazo.

Ahora me ha venido a la cabeza esta vieja anécdota porque llevo varios días que sino es un Albert es el otro (que por cierto nos abandonaron casi seguidito) están saturando el stereo y a mis pobres vecinos les están enseñando dónde radica el verdadero Blues. De los dos me quedo con Albert King, que para mí sí que es el verdadero Rey del Blues, incluso por encima de B.B. (al que también adoro, no en vano su foto abre mi blog, aunque también la elegí porque para la mayoría de personas más o menos ajenas a este mundillo, él representa la imagen icónica del Blues; "marketing", jajaja), y lo considero el Rey no sólo porque su influencia ha sido gigantesca e inabarcable (vía SRV en gran parte), sino porque mis buenos o malos oídos jamás han escuchado punteos como los suyos. Decían de Chet Baker que las ideas de su cabeza se transmitían directamente a su trompeta. Pues para mí, la palabra FLUIDEZ es la que mejor define los punteos de Albert King...es como si siempre supieras que nota va a venir a continuación, porque viene la que "debe" de venir, ya que su cerebro y sus manos poseen la mayor interconexión de la historia del Blues, cada solo es una obra de arte, como los de un Sonny Rollins, por ejemplo.

Ambos Albert, además, colaboraron en un disco iniciático, el "Still Got The Blues" del gran Gary Moore, donde abandonaba el Hard-Rock/Heavy-Metal que tanta fama le habían dado, y se abrazaba con furia al tronco del Blues. No estuvo claro en aquel momento si era una jugada comercial debido a cierto "revival" Blues, pero 20 años después podemos decir que SÍ, que Gary decidió dedicarse por fin a lo que le gustaba hacer, y ahí le tenemos todavía, afortunadamente -salvo ese par de baladitas horteras que mete en cada disco, pero nadie es perfecto...

PD: La fortuna de la hermanitas Koplowitz está entre las 500 mayores del mundo, según la fiable revista "Forbes", y no creo que las de los King, Collins y Moore anden demasiado cerca de eso, jajaja. Y es que pretender hacerse rico tocando Blues (o Jazz, para el caso) no es algo que quepa en la cabeza de nuestros adorados Bluesmen, por eso son adorados.

Os debo una seria y completa retrospectiva de la carrera de Albert King, pero acabo de iniciar el blog y estoy todavía desentumeciendo los deditos...

sábado, 10 de abril de 2010

ALGO SOBRE MIS GUSTOS JAZZISTICOS (que también le doy mucho a ese palo, lógicamente)

Además de dejar en primer lugar bien clarito que mi ídolo absoluto es MILES DAVIS,porque no ha habido otro como él y porque cambió totalmente la forma del Jazz infinidad de veces, dire que adoro a otros Trompetistas como Blue Mitchell, Johnny Coles, Chet Baker, Art Farmer, Clifford Brown, Freddie Hubbard...

Entre los Saxofonistas me quedo con Lester Young, Stan Getz, Ben Webster, Coleman Hawkins, Ike Quebec, Sonny Rollins, Hank Mobley, John Coltrane, Steve Coleman, Joshua Redman... Y Charlie Parker al Alto, of course...

Pianistas? : Mi favorito Bill Evans, Keith Jarrett, Art Tatum, Winton Kelly, Oscar Peterson, Andrew Hill, Cecil Taylor...

Entre los Bajistas, sobre todo con Ron Carter, tambien Scott LaFaro, claro, Jack DeJohnette, Paul Chambers, Dave Holland, Marcus Miller...

Guitarristas, pues los obvios: Charlie Christian, Barney Kessell, Wes Montgomery, Grant Green, Kenny Burrell...y el que para mí es el mayor genio del Jazz de las últimas 4 décadas, Pat Metheny.

Me faltan los baterías para completar un sexteto clásico: esa bestia llamada Elvin Jones, Art Blakey, Max Roach, Philly Jo Jones, Gene Kruppa...

Y para rematar la primera sección Jazzistica de este blog, 3 genios que escapan, como Miles, a toda clasificación: Thelonious Monk, Charles Mingus y Duke Ellington.

ME ENCONTRÉ CON EL DIABLO EN UN CRUCE DE CARRETERAS...

ME ENCONTRÉ CON EL DIABLO EN UN CRUCE DE CARRETERAS...

...y me dijo:
-Quiero comprar quince años de tu vida...

y yo le contesté:
- ¿Qué me ofreces a cambio?

me miro sonriendo y habló:
- Pide tú el precio...

no me hizo falta pensarlo:
- Te los vendo a cambio de no sufrir nunca más por un cerebro que viaja constantemente del pasado al futuro, yo quiero saber vivir el momento presente con plenitud...

me guiñó un ojo:
- Coge tu viejo vinilo de Robert Johnson y que nuestras sangres se crucen sobre sus surcos, así cerraremos el pacto...

Así lo hicimos, y ya cuando se marchaba giró la cabeza diciendo:
- Por si tenías curiosidad, estabas predestinado a vivir hasta los 85 años, ahora sólo vivirás 70...

"He hecho el mejor trato de mi vida" pensé, y me reí de la paradoja. Pero sin embargo, aún le pregunté:-
- Qué vas a hacer con esos 15 años?
- Ya los tengo apalabrados con un anciano banquero agonizante, a cambio de su alma.

Y se marchó silbando aquel viejo Blues que hablaba de encontrarse al diablo en un cruce de carreteras...

ELOGIO DE LOS SONIDOS SUCIOS, RASPOSOS, HIRIENTES, RUIDOSOS, OSCUROS, CRUDOS, MORDEDORES....

Tengo tanto que escribir que tengo miedo no me lleguen las palabras, tal vez aun ni el tiempo. Pero es lo mismo, no tengo en realidad prisa, pues he decidido empezar a escribir y no parar jamás, hoy, un día de Abril del año dosmil y pico, de esta era que decimos cristiana, empezando un nuevo milenio que no veo esperanzado sino desorientado. Tal vez por eso escucho a Charlie Parker, que ya en los años 40 del pasado siglo sentía esa desesperanza -odio y rabia, miedo y frustración-, y sin embargo era capaz de destilarla en una de las más bellas músicas que se puedan escuchar. Oír sus discos es casi como hablar con él, sentir su aliento, tenerlo cerca soplando al oído; maravillas de la tecnología que no siempre es aborrecible, una paradoja en un mundo que es un bosque de ellas.


Una excusa como otra cualquiera para empezar a escribir, para vaciar mi alma de pesos que ni siquiera conozco pero espero vayan saliendo aquí, ante esta pantalla que tal vez me haga vencer el miedo al papel en blanco. Estar tecleando aquí es casi como no sentir el peso de buscar las palabras, me resulta difícil entender porqué estos dados apiñados no me dan miedo y sí me lo producía la pluma; quizás 18 años de trabajo con estos engendros me hayan dado más familiaridad con ellos que con la tradición, como en este momento escucho a Bird a través de un láser frío en lugar de sobre un vinilo al que adoro. En cualquier caso, bendito sea este inhumano progreso material si al fin ha conseguido que mi bloqueo de años se resquebraje y deje asomar una puntita de la creatividad que creía perdida, como la pata del lobo bajo la puerta de las cabritillas.


Ella me viene ahora a la cabeza y recuerdo nuestra conversación de ayer mismo. Ella, Tú, amiga mía, desde hace poco conocida y desde ese mismo instante querida, tal vez más de lo prudente pero tanto como lo merecido. Aunque solo fuera por la energía que me has dado, por compartir tu entusiasmo y hacerme ver la verdad que conocía pero ocultaba: no importa la técnica, importa el sentimiento y las ganas de comunicar. Sólo por eso, y aunque nunca nuestra relación dé ese paso hacia lo desconocido que a mí me gustaría, sólo por eso mereces mi cariño y mi gratitud. Espero que sigamos teniendo ocasión de compartir y charlar, y de que algún día mis escritos los conozcas y los disfrutes.


Y yo me había propuesto escribir sobre música, y en este momento me viene a la cabeza una frase de no recuerdo quién, pero, estoy seguro, alguien que sabía lo que decía: "Es muy difícil escribir sobre música, no porque la música sea vaga, sino porque es más precisa que las palabras". La música se nos escapa por la incapacidad del lenguaje para atraparla, bendita libertad. Y de entre todas las músicas, el Jazz es la más indefinible, la que más se resiste a ser encerrada entre las cuatro paredes de un folio -aunque sea virtual- , por eso la amamos y por eso nos hace sufrir, como una mujer cuya libertad al mismo tiempo deseamos y queremos coartar.


Tal vez por eso el Jazz no sea la música de hoy, tal vez esa sea la razón de su retirada a las catacumbas: como el anarquismo, como los juegos infantiles, como todo lo libre. Que casualidad que las gentes se fueran apartando del Jazz a partir de los años 50, justo cuando la sociedad de consumo acabó de incubarse y empezó a crecer y extenderse como un mal oscuro -como un "alien"-, que creyendo nos hacía más libres ha acabado por encerrarnos en una cárcel construida de egoísmo; una cárcel que ni siquiera hemos tenido tiempo de ver edificar a nuestro alrededor, y de repente ya estábamos atrapados dentro para siempre.


Pero no quiero ser en exceso pesimista: esto es ante todo una explosión de furia por la libertad perdida, pero también un baile de alegría por reencontrarla siquiera fugazmente reflejada en una pantalla de 19 pulgadas o en un contrabajo echando fuego. El Jazz es la forma más alegre y bella de expresar el dolor la tristeza y la melancolía, y también el amor y la dicha, tal vez por ser la música ese arte no visual que nos permite desplegar totalmente la imaginación. El resto de expresiones, de fuentes de salida del interior del ser humano, nos exigen la vista concentrada sobre ellas, ya sea sobre la acción, sobre la escritura, o sobre el espacio, y al animal visual que somos le queda poco espacio para volar libre hacia donde ese arte nos querría llevar. Sólo tal vez después, al asimilarlo, podemos hacerlo, podemos llegar a donde el artista intentaba transportarnos; mientras, la música nos eleva en el momento, es la droga más fuerte y rápida que existe, un solo de John Coltrane es más fuerte que unos gramos de coca, tal vez por eso hoy en día no se aprecie, ahora que hasta las drogas son Light y se venden en las farmacias con receta médica.


¿Cuál es la música de hoy?. No me atrevo ni a pensarlo, pues mirarse al espejo siempre produce vértigo. Y tampoco deseo parecer un viejo que juzga lo que escuchan los adolescentes como simple ruido. Ese es el problema, que no es ruido, y pienso que necesitamos ruido, mucho y muy intenso, ruido de todas las formas y colores, ruido que haga estallar la campana de cristal que nos rodea en mil trocitos imposibles de componer. Necesitamos que al estar sentados en una cafetería, envueltos en un hilo musical, el café de la taza no bostece sino que hierva; que las ondas de sonido alrededor sean excitantes y poderosas, nos despierten.


Esa amalgama de sonidos amables y perfectos de la música que se compra y se vende no es más que una estúpida pantalla para ocultar el vacío que existe detrás. No son más que pequeñas dosis de soma para una sociedad adormecida y que aún pide más somníferos para poder dormir, que no le llega con la venda y quiere el antifaz. La perfección no existe, pero nos la venden como si fuera real. Es música fácil para un mundo difícil, esa es la paradoja, lo que hace chirriar mis engranajes y dobla los alambres de mi corazón.


No es este un momento para andarnos con tonterías, no es tiempo de felicitarnos por lo maravillosos que somos sino de bucear en lo más profundo y extraer el dolor, golpear allí donde creemos que todo está bien hasta que la capa de polvo de sueño desparezca y nos muestre la cara oculta, oscura y desagradable. Siempre hay un fondo más allá del fondo y allí debemos llegar, hasta extraer la última gota de locura de esta aparente cordura, hasta restablecer ese orden primigenio que ya ni nos atrevemos a mirar.


Pero no podemos hacerlo mientras sigamos con los buenos modales, con la música repintada y adormecida. Necesitamos una música que haga llorar los oídos y desgarrarse las neuronas, que nos haga sentir libres otra vez y despierte el sentido de la realidad del ser humano. Tienen que sonar los tambores de guerra, las guitarras aceradas, saltarnos los tonos establecidos, disonar los acordes, gritar como los animales a borde de muerte que somos para catalizar una revuelta de la especie, y volver a empezar desde el último cruce de caminos, donde perdimos el norte.


Nos hace falta más Jazz, más Free-Jazz, más músicos negros tocando acordes imposibles y haciendo sangrar sus labios y las uñas de sus dedos, y también mas Rock sucio, puro y desagradable, más Blues del delta sonando sobre chasquidos de aguja y vinilo. Somos negros, negros en la Norteamérica de mediados del siglo pasado, y estamos a punto de explotar; que tu voz lo demuestre bien alto. Sufre, grita, llora, balancéate de dolor, baila con la muerte y así podrás llevarla hasta el borde del precipicio y empujarla para siempre jamás. Pero mantén siempre la sonrisa en los labios, la mirada al frente y el orgullo de ser quien eres.


No, no todo está tan mal, relajémonos un poco, sólo es necesario que las ondas de sonido vuelvan a su cauce, que vuelvan a ser una expresión de humanidad y no de cuentas corrientes. Cuando sentado en esa cafetería de antes veía la música moverse a mi alrededor en ondas suaves y amarillo pastel, echaba de menos picos y caídas, no ondas sino líneas quebradas, no amarillo sino rojo sangre. Pero eso puede volver porque aún no se ha ido, y siempre habrá quien la mantenga viva y desgañitándose.


Una vez alguien me dijo, en ese instante en que los pitillos se acaban y la conversación está a punto de morir, que es fácil distinguir cuando una canción está echa desde las vísceras o desde la cabeza. La conversación no murió, los pitillos volvieron a encenderse y yo asentí. Pero, si es tan fácil: ¿porqué lo que hoy en día padecemos desde los medios de manipulación o en los bares es tan cerebral, porque parece, ya no hecho con la cabeza, sino directamente con la tarjeta Visa conectada a un chip del cerebro?. ¿Dónde está los aullidos del lobo y el rodar del alud ?. ¿Se ha perdido la esencia o sólo está escondida y agazapada, lista para saltar a morder?.


No se ha perdido, no lo quiero creer, pero nos la ocultan tras una suave manta de dóciles teclados y baterías programadas, de guitarras cristalinas y susurros demasiado limpios para un oído salvaje y por ello sensible; un oído que anhela más, que busca y necesita la plenitud.


La libertad, creo que esa es la palabra que estoy buscando, la libertad de poder crear la música, o la literatura, o la danza o la escultura que nos pida el cuerpo, sin necesidad de preocuparnos en cómo venderla, en si alguien la comprenderá o no. Alguien la comprenderá siempre, porque siempre hay un ser humano, al menos uno, que entiende a otro casi a la perfección. Y aunque no lo entienda, le gusta lo que hace sin preocuparse de si está o no de moda, de si aparece en un anuncio de televisión o en el último tugurio abierto en la noche de una ciudad perdida. Esa libertad que los medios nos roban, de la que las grandes producciones y el flujo de dinero -el arte prostituido- nos despojan día a día, es la que tenemos que recuperar con nuestros gritos. Si la sociedad reclama músicas sumisas, démosle rugidos infernales, voracidad que engendra voracidad, energía contra sometimiento, pasión frente a frío cálculo; hagamos que esa misma sociedad reclame más ruido dentro de un tiempo, cuando vea que la verdad y belleza se ocultan tras él, y que queme todos los discos amables de este mundo. Ese estallido libre, esa creación desbocada de ecos profundos, puede ser la puerta hacia un nuevo sentir, hacia otro mundo nacido de las cenizas que la música libre deje en pie. Soñar no cuesta tanto.

viernes, 9 de abril de 2010

ERIC SARDINAS : EL HOMBRE DEL MOMENTO !!!

Renovando el Blues-Rock como se debía de hacer, volviendo a las mismísimas raices del Power-Trio: batería, bajo, guitarra...y uno de los 2 "mastileros" cantando (¿hace falta recordar a Cream o a la Jimi Hendrix Experience?). Este aún joven guitarrista y cantante es un sueño hecho realidad, manejando la slide como un Elmore James poseído por el espíritu de un bermejo diablo maligno. Dios bendiga los años de gloria de Stevie Ray Vaughan, pero su sombra ha sido muy alargada, demasiado alargada, demasiados años esperando un sucesor, como si hubiera que esperar sucesores cual todos los fallidos post-Indurains del ciclismo.

Mr. Sardinas ha debido de escuchar la discografía completa de Rory Gallagher 2.500 veces, porque -yo al menos- le veo una clara influencia del campechano Irlandés y, afortunadamante, ninguna de SRV. Este tipo vió nacer su alma del polvazo que echaron en pleno Delta del Mississippi el señor Gallagher y una bella afro-americana, bendecidos por el rayo y el trueno en pleno orgasmo.

Una pega? Su próximo disco con Big Motor se está haciendo esperar demasiado para sus enfermizos fans, entre los que me incluyo...y aún no hay noticias...Una alegría? Gira Española por 6 ciudades en Noviembre, incluyendo mi muy cercana A Coruña. Aunque lo que quiero es colarme en la furgoneta de la gira y ver los 6 conciertos, que este hombretón maneja el Dobro y la Slide como debe de hacerlo alguien que a sus tiernísimos 6 añitos tenía como ídolo a Charley Patton y no a bugs bunny. Y dicen que cada concierto es una experiencia única, que no hay dos ni parecidos. Allí nos vemos, chalad@s del Blues-Rock !!!

La N.A.S.A y el BLUES

Si, ya sé, el titular de la columnilla mueve a la sorpresa si no directamente al cachondeo más desenfrenado. Pero no, la cosa tiene su explicación.

Quizá recordeis, porque fue una noticia muy publicitada y comentada en su momento, que hace ya unos cuantos años la NASA envió al espacio interestelar ("Interstellar Space", por citar esa animalada del gran John Coltrane) una sonda en principio sin límite de recorrido, para que llegara hasta otras estrellas, otros sistemas planetarios, lo que fuera...Y en esa sonda iban variadas y diversas "pruebas" de que en otro planeta, en este caso el nuestro, Gaia ("La Tierra" le siguen llamando la mayoría, pobre Lovelock) existía una civilización, una cultura, que producía obras de arte y ciencia de todo tipo (no siempre afortunadas, pero bueno...).

El objetivo estaba bien claro: si esa sonda llegaba a otro planeta con una población con algún tipo de cultura, fueran los seres como fueran y su cultura la que fuera, sabrían que no estaban solos en el universo y quizás nos podrían contactar...

El caso es que entre las diversas muestras de cultura se eligieron 100 canciones (y aquí debo reconocer que los seleccionadores no fueron nada "yankee-centristas", allí había música de todo el mundo), y entre ellas, HABÍA UN BLUES, difícil de narices elegir un sólo Blues entre semejante legado de un siglo de grabaciones. Coño, pero acertaron: ni más ni menos que esa barbaridad oscura, lúgubre, hipnótica, repetitiva y sin letra -sólo hummmms y otros sonidos guturales- llamada "Dark Was The Night, Cold Was The Ground", del monstruoso Blind Willie Johnson !!! Cualquier super-experto en Blues no lo hubiera hecho mejor...

PD 1: Un emocionado recuerdo al gran BILL PERRY, cuyo "Raw Deal" escucho ahora mismo y que nos dejó hace ya casi 3 años de un ataque al corazón, con sólo 50 añitos...

PD 2: Como rezaba el ya cerrado foro de "La taberna del Blues", entre sus normas estaba la de "Palabrotas sí que se pueden decir, coño, que esto es un foro de Blues!!! ". GENIAL. Pues ya veis que eso me lo aplico yo mismo, y cualquiera que escriba un comentario igualmente (insultos graves ya no, por favor).

Hasta mañana o quizás hasta luego!!!

jueves, 8 de abril de 2010

HOLA A TOD@S !!!

He abierto este blog en la madrugada del 8 al 9 de Abril de 2010, o sea que un pelín de paciencia mientras voy metiendo fotos, críticas de discos y conciertos, enlaces...y demás morralla de una música que lleva un siglo intacta pero en permanente evolucion. Por eso nos fascina, porque su limitada estructura permite múltiples variaciones e improvisaciones. Aquí seguiremos día a día, que hace tiempo que tenía esto en la cabeza y hoy me ha dado el punto. Lo que quiero? : Que os divirtais !!!